REFLEXIONES

¡Lector! ¡He aquí en este Capítulo la misericordia del Señor, al prometer enviar a su Heraldo para preparar el camino del Señor! Y marque el evento correspondiente con la predicción, en el relato que da el evangelista de la venida de Juan el Bautista. Y piensa en cómo todo corazón debe haber estado grande de expectación, y cada ojo en el vigía en Judía, cuando llegó el mensajero, anunciando la llegada de Jesús.

¿Y no vino entonces Jesús a su templo, a la hora predicha? ¿No apareció el ángel del pacto, como se había predicho? ¡Sí! pero cuando vino a los suyos, se nos dice, los suyos no lo recibieron. ¡Pobre de mí! ¿Qué ofensivo hubo en tu persona, bendito Jesús, o en tu doctrina, que te rechazaron, oh Señor de vida y gloria? ¿Fue tu apariencia humilde, manso y humilde Cordero de Dios? ¿En verdad te despreciaron por eso que sobre todas las cosas debería haberte hecho querer por tu pueblo? ¡Lector! ¿Ha cesado el escándalo de la cruz? ¿No es Jesús todavía piedra de tropiezo y roca de escándalo? ¡Oh! por las enseñanzas de Dios el Espíritu Santo, para dar a conocer entre el pueblo las glorias de Cristo.

¡Pero lector! cualquier cosa que hagan los demás, que sea tu felicidad y la mía, dar la bienvenida al Señor Cristo en su templo. ¡Ven, Todopoderoso Refinador y Purificador! ven y derrite toda la escoria y las manchas de nuestra naturaleza corrupta. Haz como con la bebida del lavadero, con la influencia de la gracia de tu bendito Espíritu, quita la inmundicia de dentro y purifica todo tu reino de sacerdotes, como los hijos de Leví. Guarda mi pobre corazón, querido Jesús, con tu gracia que restringe y evita que se aparte de tus ordenanzas, para que en ti y en tu perfecta justicia suba mi ofrenda y sea acogida en el amado.

Y, ¡oh! Bendito Señor bondadoso de todos, y Dador de todos; abre las ventanas de los cielos sobre tus iglesias, tus ministros y tu pueblo; y derrama tal abundante efusión de bendiciones en gracia, para que todo corazón se alegre y se reconforte en tu casa de oración. Que el ministerio público de tu palabra vaya acompañado de una exhibición tan visible de tu presencia, que todas las naciones sepan que donde está tu Iglesia, hay una tierra deleitosa, y todos la llamarán bienaventurada.

Y que las comuniones privadas de los que te temen, sean tan santificadas con la santa conversación acerca de Aquel que siempre está en medio de ellos, que nada más que el nombre y el dulce olor de Jesús pueda ser conocido u oído entre ellos. Y tú, querido Señor, que ahora escuchas y oyes y conoces todo lo que pasa entre tu pueblo, y miras con muestras peculiares de tu favor, el cariño de tus escogidos; ¿Te acuerdas de todo en ese día, cuando vienes a hacer tus joyas? ¡Sí, Jesús Todopoderoso! manifiéstate entonces en plena exhibición abierta, como ahora testificas en privado por tu Espíritu, de quién son tuyos, y cuán queridos son para ti.

Di de todos, en esa hora solemne, cuando trazas la distinción eterna entre el justo y el impío, estos son los que han permanecido conmigo en mis tentaciones. Y les asigno un reino, como mi Padre me lo ha designado a mí. Comerán y beberán a mi mesa, en mi reino, y se sentarán en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

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