Significado. Este versículo es un llamado solemne y gozoso a que los redimidos del Señor alaben su misericordia, reconociendo que toda obra portentosa hacia el hombre brota de la libre y soberana bondad de Dios.

Contexto. El Salmo 107 abre el Libro Quinto del Salterio y se canta como acción de gracias comunitaria de quienes han sido reunidos «de las tierras» (v. 3) tras el exilio. Aunque su autor es anónimo, se inscribe en la liturgia postexílica de Israel, dirigida al pueblo del pacto que ha experimentado la liberación de Dios. El versículo 8 funciona como estribillo (se repite en los vv. 15, 21 y 31), articulando cada cuadro de necesidad y rescate en una gran sinfonía de gratitud.

Explicación. El verbo «alaben» (en hebreo, una forma exhortativa de yadá) llama a confesar públicamente lo que Dios ha hecho. El objeto de esa alabanza es doble: su «misericordia» (jésed), el amor fiel y pactual que no se mueve por mérito sino por gracia, y sus «maravillas para con los hijos de los hombres». Desde la perspectiva reformada, este jésed no es un sentimiento mudable, sino la fidelidad inquebrantable del Dios que guarda su pacto por iniciativa propia. Que las maravillas sean «para con los hijos de los hombres» subraya que el rescate procede enteramente de fuera del hombre: criaturas indignas reciben lo que jamás podrían reclamar. La alabanza, pues, no es opcional ni meritoria, sino la respuesta debida de corazones renovados ante la gracia soberana.

Referencias relacionadas. El estribillo dialoga con Éxodo 34:6, donde Dios se autorrevela como «grande en misericordia»; con el Salmo 103:2, que exhorta a no olvidar sus beneficios; y con Romanos 8:32, donde el don supremo del Hijo corona todas las maravillas. La estructura de necesidad y clamor recuerda también a Salmos 34:6 y, en clave de cumplimiento, a Lucas 1:50, donde María canta la misericordia que alcanza a los que le temen.

Aplicación práctica. El creyente de hoy está llamado a una memoria agradecida y deliberada. En una cultura que da por sentadas las bondades cotidianas, este versículo nos manda articular en voz alta la jésed de Dios: en la mesa, en la familia, en la congregación. Toda misericordia recibida (la salud, el sustento, sobre todo la redención en Cristo) debe convertirse en confesión pública. Quien calla la bondad de Dios empobrece su propia alma y priva a otros del testimonio que aviva la fe.

Para reflexionar. ¿De qué maneras concretas estás convirtiendo la misericordia que has recibido en alabanza visible, o la has guardado en un silencio ingrato?

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