Significado. El Dios que rescata no necesita exhibirse para reinar; envuelto en tinieblas y nubes, gobierna soberanamente lo que nuestros ojos no alcanzan a ver. Su ocultamiento no es ausencia, sino majestad.

Contexto. El Salmo 18 es un cántico de acción de gracias atribuido a David, repetido casi palabra por palabra en 2 Samuel 22. David lo compuso «el día en que el Señor lo libró de la mano de todos sus enemigos y de la mano de Saúl». En medio del poema irrumpe una teofanía grandiosa (vv. 7-15) donde describe poéticamente cómo el Señor descendió para socorrerlo. El versículo 11 pertenece a esa escena de majestad guerrera, dirigida originalmente al pueblo del pacto que cantaba las hazañas redentoras de su Dios.

Explicación. «Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; oscuridad de aguas y densas nubes del cielo». El verbo evoca a Dios fijando una morada velada. Las «tinieblas» (jóshek) y las «densas nubes» (jashrat-máyim) no describen ignorancia ni debilidad, sino la inaccesibilidad de su gloria: el Soberano se cubre porque ningún mortal puede ver su rostro y vivir. Aquí late la incomprensibilidad divina que la tradición reformada confiesa: Dios es plenamente libre, y su providencia obra a menudo tras una cortina que nuestra razón no penetra. La misma nube que oculta es la que lo transporta a salvar; lo escondido y lo redentor son inseparables.

Referencias relacionadas. La imagen recuerda la nube y la oscuridad del Sinaí (Éxodo 19:16-18; 20:21) y la gloria que llenó el templo (1 Reyes 8:12). Salmos 97:2 declara: «Nubes y oscuridad alrededor de él». Pablo confiesa la misma reserva soberana en Romanos 11:33: «¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!». Y 1 Timoteo 6:16 lo describe habitando «en luz inaccesible».

Aplicación práctica. Cuando la providencia se nos vuelve oscura y no entendemos el porqué de la prueba, el creyente no concluye que Dios se ha ausentado. La misma nube que esconde su rostro es el carruaje en que viene a librarnos. Confiamos no porque veamos, sino porque conocemos su carácter revelado en Cristo, en quien la luz inaccesible se hizo cercana. Adorar al Dios escondido es descansar en su soberanía aun cuando todo parece sombra.

Para reflexionar. ¿Sigo creyendo que Dios obra para mi bien incluso cuando ha puesto «tinieblas por su escondedero» y no alcanzo a comprender sus caminos?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad