Significado. El pecado no es un accidente de la conducta, sino una corrupción que brota del corazón mismo del impío, tan arraigada que se vuelve sorda a toda voz que la quiera corregir.

Contexto. El Salmo 58 es un salmo de David, clasificado como imprecatorio, dirigido «al músico principal» con la indicación «No destruyas». David denuncia a jueces y poderosos que pervierten la justicia, congregándose contra el inocente. Escribe como rey ungido que conoce de cerca la injusticia de gobernantes corruptos, y dirige su lamento a un pueblo que sufre bajo autoridades que debían reflejar la rectitud de Dios y en cambio la traicionan.

Explicación. El versículo declara «Veneno tienen como veneno de serpiente; son como el áspid sordo que cierra su oído». La imagen es doble: el daño del impío es ponzoñoso, mortal, y a la vez incorregible. El áspid «sordo» no responde al encantador; así, el corazón reprobado se cierra deliberadamente a la verdad. Desde la perspectiva reformada, esto ilustra la depravación total: no que cada hombre sea tan malo como podría serlo, sino que el pecado contamina toda facultad, incluyendo la voluntad y el oído espiritual. Pablo cita pasajes vecinos de este salterio en Romanos 3 para probar que «no hay justo, ni aun uno». La sordera del áspid revela que, dejado a sí mismo, el hombre no quiere ni puede inclinarse a Dios; solo la gracia soberana y eficaz abre el oído cerrado.

Referencias relacionadas. Romanos 3:13 retoma el «veneno de áspides» como retrato universal del pecador. Génesis 3:15 anuncia la enemistad con la serpiente y al Vencedor prometido. Mateo 3:7 y 23:33 llaman a los impíos «generación de víboras». Jeremías 6:10 y Zacarías 7:11 describen oídos incircuncisos que rehúsan oír. Juan 6:44 enseña que nadie viene si el Padre no lo trae.

Aplicación práctica. Este texto nos humilla antes de consolarnos. Reconozcamos que también nosotros fuimos «áspides sordos» hasta que Cristo, por su Espíritu, destapó nuestros oídos. Esto destierra todo orgullo espiritual y enciende la compasión: oramos por quienes hoy resisten el evangelio, sabiendo que ningún corazón está demasiado endurecido para la gracia que nos rescató. Y ante la injusticia de los poderosos, descansamos en el Juez justo en lugar de tomar venganza propia.

Para reflexionar. ¿Hay áreas en mi vida donde, como el áspid sordo, cierro deliberadamente el oído a la corrección de la Palabra de Dios?

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