Significado. El salmo termina en oscuridad: «las tinieblas son mi compañera». Aun así, la fe que ora desde el abismo es ya prueba de que Dios sostiene a los suyos cuando todo consuelo humano ha desaparecido.

Contexto. El Salmo 88 es una de las lamentaciones más sombrías del Salterio, atribuido a Hemán ezraíta, uno de los cantores levíticos del culto del templo. Dirigido al director del coro, fue compuesto para la congregación de Israel como oración litúrgica del que padece enfermedad mortal y abandono prolongado. A diferencia de casi todos los salmos de lamento, no resuelve en alabanza: el versículo final deja al orante en la sombra, enseñando que la verdadera piedad no exige sentir alivio para seguir clamando al Dios del pacto.

Explicación. El texto dice: «Has alejado de mí al amigo y al compañero, y a mis conocidos has puesto en tinieblas». El verbo «alejar» se atribuye directamente a Dios; el salmista no culpa al azar ni a sus enemigos, sino que reconoce la mano soberana del Señor incluso en su desamparo. Esta es la médula reformada: Dios gobierna la prosperidad y la aflicción (Lamentaciones 3:38), y el creyente afligido no deja de ser creyente. La última palabra, «tinieblas», resume todo el salmo, mas se pronuncia delante del «Dios de mi salvación» (v. 1). Clamar a Dios contra Dios, sin soltarlo, es fe genuina.

Referencias relacionadas. Job 19:13-14 retrata idéntico abandono de allegados; el Salmo 22:1 anticipa el desamparo que Cristo hizo suyo en la cruz, cuando todos lo abandonaron (Marcos 14:50) y cargó nuestras tinieblas (Marcos 15:33-34). Job 13:15 y el Salmo 42:5-6 muestran la misma fe que espera contra toda esperanza, mientras 2 Corintios 4:8-9 declara que el creyente es atribulado, mas no destruido.

Aplicación práctica. Hay temporadas en que la depresión, el duelo o la enfermedad nos dejan sin amigos y sin luz, y la oración no trae alivio inmediato. Este salmo nos autoriza a orar honestamente desde ese pozo, sin fingir gozo. El consuelo no está en nuestros sentimientos, sino en que Cristo descendió a unas tinieblas más profundas que las nuestras para sacarnos de ellas. Acompañemos también al hermano que sufre, sin exigirle que ya esté bien.

Para reflexionar. Cuando Dios parece haberte dejado en tinieblas y sin compañía, ¿seguirás dirigiéndole tu clamor, confiando en que el Cristo abandonado en la cruz nunca te abandonará?

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