Entonces el rey Nabucodonosor se asombró, y levantándose de prisa, habló y dijo a sus consejeros: ¿No echamos a tres hombres atados en medio del fuego? Respondieron y dijeron al rey: Cierto, oh rey.

¿No echamos a tres hombres atados en medio del fuego? Respondieron... Cierto. Oh rey. Dios arrancó esta confesión de la propia boca de sus enemigos.

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