Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo las entrañas, para dar a cada uno según sus caminos y según el fruto de sus obras.

Para que nadie piense que ni siquiera el Señor conoce, y por tanto no puede castigar, la traición oculta del corazón, Él dice: "Yo, el Señor, que escudriño el corazón".

Incluso para dar - y eso para que yo pueda dar.

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