La suerte se echa en el regazo; mas todo el disponer de ellos es de Jehová.

La suerte se echa en el regazo; pero todo el disponer (literalmente, el juicio) de ello es del Señor. Cualquier cosa que le suceda al hombre por asignación no es por casualidad, sino por designación del Señor. Las suertes se echaban en la capa, el gorro, la urna o cualquier otra cosa que el juez o árbitro llevara en su regazo, y luego se sacaban en orden. Se usaban en la división de herencias, en la elección de un rey y, posteriormente, de un apóstol, en la detección del culpable entre una multitud, etc.

 El empleo del término 'sentencia' implica que sólo en los casos de mayor peso se recurría al juicio por sorteo; especialmente porque Dios mismo fue considerado como el árbitro en el juicio por sorteo. Por lo tanto, se inició con gran solemnidad: con una santificación preparatoria del pueblo. Eleazar solía presidir tales ocasiones. Todo es rueda de la Providencia.

La historia sin paralelo de José parece estar compuesta de nada más que de casualidades y pequeñas contingencias, todas tendientes a grandes fines. La noche de insomnio de Asuero, fue invalidado para salvar a los judíos de la extinción (cf. Bridges).

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