Tu palabra es muy pura; por eso tu siervo la ama.

Tu palabra es muy pura, literalmente, purificada, como el oro o la plata refinados de toda escoria por el fuego. Cuanto más puro y más precioso es el objeto amado (en la estimación de los mundanos), más ardiente es la indignación que se siente ante cualquier desprecio que se le haga.

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