de los hombres que son de Tu mano, más bien, que libra de los malos proyectos de este pueblo con Su mano, oh Señor, de los hombres del mundo, cuyo único interés está en esta vida, que tienen su porción, la medida de todo lo que desean, en esta vida, y cuyo vientre llenas con Tu tesoro escondido, dándoles de la rica reserva de bienes temporales que están bajo Su control. Están llenos de hijos, siendo bendecidos también en este sentido, y dejan el resto de sus bienes a sus bebés, heredando sus hijos los bienes de este mundo en gran abundancia.

Así, se muestra que la buena fortuna de los impíos consiste únicamente en los tesoros de este mundo, alcanzándose el colmo de su ambición cuando el dinero, el honor y los placeres son suyos. Pero el salmista, en conclusión, se pone en contraste directo con toda esta felicidad terrenal con los pecados que la acompañan.

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