Hombres poderosos de David

2 Samuel 23:8

El anhelo de David por el agua del pozo de Belén era muy natural. Casi podía ver la antigua boca del pozo, donde de niño había ido con su madre a sacar agua. En el calor abrasador que azotaba la ladera esa tarde bochornosa, nada parecía tan deseable como una corriente de aire de esas frías profundidades. Así anhela el exiliado su hogar, y el descarriado su primera bienaventuranza. Pero, gracias a Dios, no podemos desear el Agua de la Vida, si lo deseamos con todo nuestro corazón, sin tenerla. Desear es disfrutar. Nuestro Salvador Poderoso ha atravesado a los filisteos y nos ha ganado el acceso a los manantiales de la bienaventuranza eterna.

David fue muy noble negarse a beber lo que se había obtenido a tal precio. El autocontrol y la consideración por los demás son gracias que unen el corazón de los hombres a sus líderes. Además, el ejemplo de David sugiere una llamada muy diferente que nos hacen las condiciones modernas para el ejercicio de un autocontrol similar. ¿No deberíamos negarnos a utilizar el vino y las bebidas alcohólicas que han costado y están costando miles de vidas? Dios no permita que ninguno de nosotros disfrute, para nuestros placeres egoístas, del enemigo más mortífero de la felicidad, la pureza y la esperanza humanas.

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