Juan 11:49

Considerar:

I. Este sacerdote sin escrúpulos y sus salvajes consejos. Recuerda quién era: el sumo sacerdote de la nación, con la mitra de Aarón en la frente y siglos de ilustres tradiciones encarnadas en su persona; en cuyo corazón la justicia y la misericordia deberían haber encontrado un santuario, si hubieran huido de todos los demás; cuyos oídos deberían haberse abierto al más leve susurro de la voz de Dios; cuyos labios deberían haber estado siempre dispuestos a testificar de la verdad.

Y mira lo que es: un astuto intrigante, ciego como un topo a la belleza del carácter de Cristo y la grandeza de sus palabras; completamente no espiritual; indiscutiblemente egoísta, grosero como un patán, cruel como un degollado; es más, ha alcanzado ese colmo supremo de maldad en el que puede vestir su pensamiento más feo con las palabras más sencillas y enviarlas al mundo sin vergüenza. Esta consideración egoísta de nuestros propios intereses, (1) nos cegará como murciélagos a la más radiante belleza de la verdad; (2) hacernos caer en cualquier tipo y grado de maldad; (3) debemos quemar nuestra conciencia para que podamos llegar a ver el mal y nunca saber que hay algo malo en él.

II. El profeta inconsciente y su gran predicción. El evangelista concibe que el hombre que ocupaba el oficio de sumo sacerdote, siendo el jefe de la comunidad teocrática, era naturalmente el médium de un oráculo divino. Caifás era en realidad el último de los sumos sacerdotes, y los que le sucedieron durante algo menos de medio siglo no eran más que fantasmas que caminaban tras el canto del gallo. "Siendo sumo sacerdote, profetizó.

"Los labios de este sacerdote indigno, egoísta, poco espiritual, sin escrúpulos y cruel fueron tan utilizados que, todo inconscientemente, sus palabras se prestaron a la proclamación de la gloriosa verdad central del cristianismo, que Cristo murió por la nación que lo mató y rechazó. Él, no solo para ellos, sino para todo el mundo.

A. Maclaren, Cristo en el corazón, pág. 257.

Referencias: Juan 11:49 ; Juan 11:50 . FD Maurice, El Evangelio de San Juan, p. 321; Homilista, vol. VIP. 40. Juan 11:49 . Revista homilética, vol. xiii., pág. 299. Juan 11:52 . J. Vaughan, Sermones, serie 12, pág. 109.

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