Pero ahora desean una tierra mejor , es decir, celestial; por tanto, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad.

Ver. 16. Dios no se avergüenza ] sino que los honra como sus aliados, porque por su causa renunciaron al mundo. Ningún hombre jamás hizo ni sufrió nada por Dios que se quejara de un trato difícil.

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