Además, el reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca buenas perlas:

Ver. 45. El reino de los cielos, etc. ] El comerciante sabio, además de la perla de precio, busca otras perlas bonitas, regalos comunes, que también tienen su uso y excelencia; pero no descansa en ellos, como filósofos, políticos y temporales. Estos, como alquimistas, que aunque no lograron su fin, por cierto encuentran muchas cosas excelentes, por lo que aunque fallaron en la gloria de Dios, tienen muchas partes y propiedades dignas de elogio. El comerciante sabio los busca tanto, que se preocupa principalmente por lo principal, "una cosa necesaria", en comparación con lo cual cuenta todas las demás, aunque nunca tan engañosas, el estiércol y la carne de perro.

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