1-6 Mientras Moisés estaba en el monte recibiendo la ley de Dios, el pueblo se dirigió tumultuosamente a Aarón. Esta multitud inconstante se cansó de esperar el regreso de Moisés. La fatiga en la espera expone a muchas tentaciones. El Señor debe ser esperado hasta que regrese, y debemos esperar por Él aunque se demore. Que su disposición para deshacerse de sus zarcillos para hacer un ídolo avergüence nuestra tacañería en el servicio del Dios verdadero. No retrocedieron por el costo de su idolatría; ¿y nosotros nos negaremos a gastar en la religión? Aarón produjo la forma de un becerro o ternero, dándole algunos detalles con una herramienta de grabado. Ofrecieron sacrificio a este ídolo. Al haber erigido una imagen delante de ellos y así cambiado la verdad de Dios en mentira, sus sacrificios fueron abominación. ¿No habían oído, solo unos pocos días antes, en este mismo lugar, la voz del Señor Dios hablándoles desde en medio del fuego: "No te harás imagen de escultura, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra"? ¿No habían ellos mismos entrado solemnemente en un pacto con Dios, en el cual se comprometieron a hacer todo lo que Él les había dicho y ser obedientes? Ver Éxodo 24:7. Sin embargo, antes de moverse del lugar donde se había hecho este pacto solemnemente, quebrantaron un mandamiento expreso, desafiando una amenaza expresa. Esto demuestra claramente que la ley no podía hacer santos, así como tampoco podía justificar; por medio de ella se tiene conocimiento del pecado, pero no la cura del pecado. Aarón fue apartado por nombramiento divino para el oficio del sacerdocio; pero él, que se había avergonzado una vez al punto de construir un altar para un becerro de oro, debía reconocerse indigno del honor de asistir en el altar de Dios y reconocer que solo debía su lugar a la gracia gratuita. Así se silenciaron el orgullo y la presunción.

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