31-36 Los discursos de Jesús convencieron a muchos de que él era el Mesías; pero no tuvieron el valor de reconocerlo. Es un consuelo para los que están en el mundo, pero no son de él, y por lo tanto son odiados por él y están cansados de él, que no estarán en él siempre, que no estarán en él mucho tiempo. Siendo nuestros días malos, es bueno que sean pocos. Los días de la vida y de la gracia no duran mucho; y los pecadores, cuando estén en la miseria, se alegrarán de la ayuda que ahora desprecian. Los hombres discuten sobre estos dichos, pero el acontecimiento los explicará.

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