Es deber de un pueblo agradecido dar gracias a Dios en el Templo, reuniéndose para pagar sus votos al Oidor universal de la oración. La conciencia de los múltiples pecados podría disuadirlos de acercarse a un Dios santo, si Él mismo no estuviera misericordiosamente dispuesto a purgar su culpa. En las bendiciones, de las que es prenda la bienvenida a Su casa, se encuentra la verdadera felicidad del hombre.

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