15. Ver entonces. Si los creyentes no deben descuidar ahuyentar la oscuridad de los demás con su propio brillo, ¿cuánto menos deberían ser ciegos en cuanto a su propia conducta en la vida? ¿Qué oscuridad ocultará a aquellos sobre quienes Cristo, el Sol de justicia, ha surgido? Colocados, por así decirlo, en un teatro abarrotado, deberían vivir bajo la mirada de Dios y de los ángeles. Que se asombren de estos testigos, aunque puedan estar ocultos a la vista de todos los mortales. Descartando la metáfora de la oscuridad y la luz, les ordena que regulen circunspectivamente su vida como sabios, (160) que han sido educados por el Señor en la escuela de La verdadera sabiduría. Nuestro entendimiento debe mostrarse tomando a Dios como nuestro guía e instructor, para enseñarnos su propia voluntad.

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