Verso Lucas 4:16. A Nazaret, donde se había criado...  Es probable que nuestro Señor viviera principalmente en esta ciudad hasta los treinta años de su edad; pero, después de iniciar su ministerio público, su lugar de residencia habitual fue la casa de Pedro, en Capernaúm.

Como era su costumbre... Nuestro Señor asistía regularmente al culto público de Dios en las sinagogas, pues allí se leían las Escrituras: otras partes del culto estaban muy corrompidas, pero era el mejor que se podía encontrar en aquel tiempo en el país. Adorar a Dios públicamente es el deber de todo hombre, y ningún hombre puede estar libre de culpa si lo descuida. Si una persona no puede conseguir el culto público que le gusta, que frecuente el que pueda conseguir. Es mejor asistir al más indiferente que quedarse en casa, especialmente en el día del Señor. El lugar y el tiempo se han reservado para el culto del verdadero Dios: si otros no se comportan bien en él, eso no es culpa tuya, y no tiene por qué ser un obstáculo para ti. Vosotros venís a adorar a DIOS -no olvidéis vuestro cometido- y Dios suplirá la carencia en el servicio mediante las enseñanzas de su Espíritu. Escuchad el dicho del viejo señor Herbert: - "Los peores hablan algo bueno: todos deben querer el sentido,

Dios toma el texto, y predica p-a-t-i-e-n-c-e".

Un hombre siempre puede beneficiarse donde se lee la palabra de Dios.


Se levanta para leer... Los judíos, en general, se sentaban mientras enseñaban o comentaban los Escritos Sagrados, o las tradiciones de los ancianos; pero cuando leían la ley o los profetas, invariablemente se ponían de pie: ni siquiera les era lícito apoyarse en algo mientras se ocupaban de leer.

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