REFLEXIONES

¡LECTOR! Bendigamos a Dios el Espíritu Santo por esos preciosos Hechos de sus Apóstoles en su Iglesia, por más benditos y deleitables que son, como monumentos de la gracia del Señor en el ministerio de su siervo. Piense en las multitudes que ahora estaban en gloria y disfrutaron de su dulce olor mientras estaban en la tierra. Piense en cómo diariamente el Señor los bendice a su pueblo. Y piensa cuántos números aún no nacidos se elevarán sucesivamente hasta el disfrute de ellos, cuando tú y yo seamos reunidos con nuestros padres y hayamos visto corrupción.

Concluyamos nuestra lectura de este dulce libro de Dios, con agradecimiento al Todopoderoso Autor del mismo, por toda la misericordia mostrada en él, y por él, para nosotros mismos y para todo lo que ha pasado. Y que se añadan nuestras oraciones para que el Señor continúe bendiciendo su uso por generaciones sin fin. Amén.

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