REFLEXIONES

Deseo bendecir a Dios el Espíritu Santo, por todas sus abundantes misericordias en sus divinas enseñanzas y sus santas escrituras de verdad. Y ruega a su gracia que me dé un entendimiento correcto en todas las cosas, para que mi fe sea la fe de los elegidos de Dios. Estoy bien seguro de que nadie más que éste puede alcanzar la norma de la verdad que sigue a la piedad. Y todo lo que no es de esta fe, es pecado. ¡Precioso Señor Jesús! Tú, gran Autor y consumador de la fe, aumenta mi fe.

Y tú, Padre Todopoderoso de misericordias; confirma y afirma mi alma en esta esperanza bienaventurada de la vida eterna, fundada en tu amor eterno; y asegurado en tu promesa inmutable, dada en Cristo Jesús antes de que el mundo comenzara. ¡Oh! la preciosidad de esta vida, que es eterna; confirmado por compromisos de pacto; revelado en las Sagradas Escrituras; y como resultado de la gracia gratuita, inmerecida, no buscada, sí, impensada.

¡Oh! ¡Señor el Espíritu! distingue a tus siervos ordenados en el ministerio, por las marcas especiales de tu propia ordenación. Aquellos a quienes has enviado, por tu gracia, serán hallados irreprensibles en Cristo, como mayordomos de Dios. ¡Pero, Señor! Cierra la boca de los que huyen de ti. Los puros de espíritu, mediante la gracia regeneradora, serán puros. Pero para los no regenerados, que todavía están en la vieja naturaleza no renovada, nada es puro. ¡Alabado sea nuestro Dios en Cristo, por la gracia discriminatoria!

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