Significado. El versículo pone en labios de los rebeldes su grito de independencia contra Dios y su Ungido: lo que el Señor llama señorío de gracia, ellos lo desprecian como cadenas que romper.

Contexto. El Salmo 2 es un salmo real y mesiánico que el Nuevo Testamento atribuye a David (Hechos 4:25). Compuesto probablemente para la entronización de un rey davídico, retrata la conspiración de las naciones y sus gobernantes contra el Señor y su Mesías. En el versículo 3 el salmista cita textualmente la deliberación de esos reyes confederados, dándonos a oír el corazón de la rebelión humana frente al reino de Dios.

Explicación. «Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas» es la confesión involuntaria de toda criatura caída: percibir la autoridad de Dios como una opresión. Los términos «ligaduras» y «cuerdas» evocan el yugo del vasallo sometido a su soberano; pero lo que para el pecador es esclavitud, para el redimido es liberación, pues el yugo de Cristo es fácil y ligero (Mateo 11:30). Desde la perspectiva reformada, este versículo expone la antítesis radical entre la voluntad humana en su corrupción total y la soberanía absoluta de Dios. La rebelión no es contra una tiranía real, sino contra el legítimo señorío del Creador y de su Cristo; revela que el corazón natural, según escribe Pablo, es enemistad contra Dios y no se sujeta a su ley (Romanos 8:7). La gracia, y no el esfuerzo humano, es la única que quebranta esta hostilidad.

Referencias relacionadas. Hechos 4:25-28 aplica este salmo a la confabulación de Herodes, Pilato y los pueblos contra Jesús, mostrando que cumplieron lo que la mano y el consejo de Dios habían predestinado. Salmos 110:1 presenta al Mesías exaltado sobre sus enemigos; Lucas 19:14 ilustra el mismo desprecio: «no queremos que este reine sobre nosotros»; y Jeremías 5:5 habla de quienes quebraron el yugo del Señor.

Aplicación práctica. Cada generación repite el grito del versículo 3, hoy bajo el lenguaje de la autonomía y la libertad sin Dios. El creyente debe reconocer que también su corazón clamaba así antes de ser renovado, y dar gracias por la gracia soberana que cambió la rebelión en adoración. Someternos gozosos al señorío de Cristo no es perder libertad, sino hallarla; orar por los que aún resisten es confiar en que el mismo Dios que nos venció puede vencerlos.

Para reflexionar. ¿Hay en mi vida ligaduras de Cristo que en secreto considero cuerdas que romper, en lugar de reconocerlas como el yugo bondadoso del Salvador?

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