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Es una senda que el ave de rapiña no conoce ni jamás ha mirado el ojo del halcón.
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Nunca la han pisoteado fieras arrogantes ni por ella caminó el león.
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El hombre extiende su mano hacia el pedernal, y trastorna de raíz las montañas.
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Abre canales en las rocas, y sus ojos ven todo lo preciado.
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