Y al tercer día echamos fuera con nuestras propias manos los aparejos de la nave.

Y el tercer día nosotros (pasajeros y tripulación juntos) desechamos con nuestras propias manos los aparejos del barco; arrojamos con nuestras propias manos el aparejo de la nave, todo lo que podíamos prescindir y que pesaba: este esfuerzo adicional por aligerar la nave parece indicar que ahora estaba en una condición de filtración, como se hará más evidente en breve.

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