Al vil ya no se le llamará liberal, al necio, dado a la maldad como es, ya no se le llamará noble, ni al rufián se le dirá generoso, al estafador ya no se le llamará barón. En la forma exterior y visible del reino de Cristo, la persona fraudulenta, el hipócrita, puede engañarse a sí mismo ya los demás, pero en la estimación de Cristo, esa persona recibirá la posición que merece su hipocresía.

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad