Las palabras, "mi defensa a los que me examinan es esta", revelan la oposición a él en Corinto. Las dos palabras, "defensa" y "examinar", son puramente legales y están en el lenguaje de los tribunales de justicia. El apóstol está hablando de sí mismo como en su defensa y bajo examen. El apóstol declara que su derecho en el caso de los corintios al menos se basa en su obra. Cualquiera que sea la relación que pueda tener con los demás, es un apóstol para ellos al menos, porque son el sello mismo de su apostolado en el sentido de que son, como ha dicho anteriormente, sus hijos en el Evangelio.

Defendiendo sus derechos, declaró que los había abandonado en el poder de esa compulsión del Evangelio por la que se hizo todo para todos. Los mismos principios se aplican aquí mediante una ilustración general. El apóstol usó la carrera como una ilustración, y estableció este principio simple: "Corran para que lo logren". El objetivo siempre debe mantenerse a la vista, y toda acción presente debe estar gobernada por la pasión por alcanzar ese objetivo y recibir la corona. Por lo tanto, debe haber autocontrol en todas las cosas, a fin de que pueda haber la victoria final.

Las solemnes palabras finales llegan al corazón mismo de la discusión. El apóstol, hablando ahora de sí mismo, de nuevo a modo de ilustración, declara que no corre inseguro; que lucha no como golpeando el aire; que somete su cuerpo a la esclavitud, incluso a golpes, y todo esto porque ve la terrible posibilidad de ser rechazado, a pesar de que ha sido un heraldo para los demás; cuyo significado más evidente es que el no regular la vida para ayudar a otros pone en peligro nuestra propia salvación.

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