Si los hombres riñen y lastiman a una mujer encinta, y su fruto se aparta [de ella], y sin embargo no hay agravio, ciertamente será castigado, según lo imponga el marido de la mujer; y pagará según [determinen] los jueces.

Ver. 22. Y sin embargo, no sigue ningún daño, ] es decir, no se perderá ninguna vida. Entonces, hay un momento en que el embrión no está vivo; por tanto, el alma no es engendrada, sino infundida después de un tiempo por Dios. Infundendo creatur, et creando infnnditur, dice Agustín, quien al principio dudó, hasta que los argumentos de Jerónimo lo superaron.

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