10-14 Jerusalén era una vid, floreciente y fructífera. Esta vid ahora está destruida, aunque no arrancada por las raíces. Ella por maldad se ha convertido en yesca de las chispas de la ira de Dios, de modo que sus propias ramas sirven como combustible para quemarla. Bendito sea Dios, una rama de la vid aquí aludida, no solo se convierte en una vara fuerte para el cetro de los que gobiernan, sino que es él mismo la vid verdadera y viviente. Esto será para regocijar a todo el pueblo escogido de Dios a lo largo de todas las generaciones.

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