19. ¿Qué digo entonces? A primera vista, puede parecer que el Apóstol discutió de manera no concluyente o atribuyó a los ídolos algo de existencia y de poder. Ahora se podría objetar fácilmente: “¿Qué comparación hay entre el Dios vivo y los ídolos? Dios nos conecta consigo mismo mediante los sacramentos. Que así sea. ¿Cómo es que los ídolos, que no son nada, (1 Corintios 8:4) tienen tanto poder como para poder hacer lo mismo? ¿Crees que los ídolos son algo o pueden hacer cualquier cosa? Él responde que no mira a los ídolos mismos; (583) sino que tiene en mente la intención de aquellos que se sacrifican a los ídolos. Porque esa era la fuente de la contaminación que él había señalado indirectamente. Él confiesa, por lo tanto, que un ídolo no es nada. Él confiesa que es una mera ilusión cuando los gentiles se encargan de realizar solemnes ritos de dedicación, (584) y que las criaturas de Dios no son contaminado por tales fooleries. Pero como su diseño es supersticioso y condenable, y como el trabajo es básico, infiere que todos los que se conectan con ellos como asociados están involucrados en la contaminación.

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