21. Dado que por la muerte del hombre vino el punto que debe probarse es que Cristo es la primicia, y que no fue simplemente como un individuo resucitado de entre los muertos. Lo prueba a través de los contrarios, porque la muerte no es de la naturaleza, sino del pecado del hombre. Como, por lo tanto, Adán no murió solo por sí mismo, sino por todos nosotros, se deduce que Cristo de la misma manera, que es el antitipo, (50) no se levantó solo para sí mismo; porque vino, para poder restaurar todo lo que se había arruinado en Adán.

Debemos observar, sin embargo, la fuerza del argumento; porque no lucha por similitud o por ejemplo, sino que recurre a causas opuestas con el fin de probar efectos opuestos. La causa de la muerte es Adán, y nosotros morimos en él: de ahí que Cristo, cuyo oficio es restaurarnos lo que perdimos en Adán, es la causa de la vida para nosotros; y su resurrección es la base y la promesa de los nuestros. Y como el primero fue el comienzo de la muerte, el segundo es de la vida. En el quinto capítulo de los romanos (Romanos 5) sigue la misma comparación; pero existe esta diferencia, que en ese pasaje razona respetando una vida espiritual y la muerte, mientras trata aquí de la resurrección del cuerpo, que es el fruto de la vida espiritual.

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