8. Si decimos. Ahora elogia la gracia de su necesidad; porque como nadie está libre del pecado, él insinúa que todos estamos perdidos y deshechos, excepto que el Señor viene en nuestra ayuda con el remedio del perdón. La razón por la que él se detiene tanto en el hecho de que nadie es inocente es que todos pueden saber ahora que necesitan misericordia para librarlos del castigo y que, por lo tanto, pueden estar más animados a buscar el bendición necesaria

Por la palabra pecado, se entiende aquí no solo la inclinación corrupta y viciosa, sino la culpa o el acto pecaminoso que realmente nos hace culpables ante Dios. Además, como se trata de una declaración universal, se deduce que ninguno de los santos, que existen ahora, han estado o estarán exentos del número. Por lo tanto, Agustín refutó con la mayor cautela el engaño de los pelagianos, aduciendo contra ellos este pasaje: y sabiamente pensó que la confesión de culpa no es necesaria por el bien de la humildad, pero para que no nos engañemos mintiendo.

Cuando agrega, y la verdad no está en nosotros, confirma, según su manera habitual, la oración anterior repitiéndola en otras palabras; aunque no es una simple repetición (como en otras partes), pero él dice que son engañados quienes se glorían en la mentira.

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