Verso 8. Tampoco comimos el pan de nadie de balde... Pagábamos por lo que comprábamos, y trabajábamos con nuestras manos para tener dinero para comprar lo necesario.

Trabajábamos y nos afanábamos día y noche... Estábamos incesantemente ocupados, ya sea predicando el Evangelio, visitando de casa en casa, o trabajando en nuestra vocación. Como es muy evidente que la Iglesia de Tesalónica era muy piadosa y estaba muy unida al apóstol, debían ser muy pobres, ya que él se veía obligado a trabajar duro para ganarse lo necesario para vivir. Si hubieran podido mantenerlo, no habría trabajado con esfuerzo y fatiga noche y día, para no ser una carga para ellos; y, como podemos suponer que eran muy pobres, no habría podido conseguir su sustento entre ellos sin aumentar sus cargas. A esto no podía someterse su mente generosa; no es de extrañar, por tanto, que sea tan severo con los que no querían trabajar, sino que eran una carga para los pobres seguidores de Dios.

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