Significado. El pecado ciega al impío de tal modo que llega a halagarse a sí mismo, incapaz de reconocer y aborrecer su propia maldad. La autocomplacencia es el fruto amargo de un corazón sin temor de Dios.

Contexto. El Salmo 36 es atribuido a David, «siervo del Señor», y contrapone con fuerza la corrupción del hombre impío (vv. 1-4) con la inmensidad de la misericordia divina (vv. 5-9). Escrito en medio de las tensiones de quien vive rodeado de adversarios, David no comienza describiendo enemigos externos, sino diagnosticando la raíz interior de la maldad. El versículo 2 pertenece a ese retrato del impío, dirigido al pueblo del pacto como advertencia y como contraste luminoso con la fidelidad de Dios.

Explicación. La frase «se lisonjea» (en hebreo, una idea de hacerse las cosas suaves o resbaladizas ante sus propios ojos) describe el autoengaño del corazón caído. El impío se mira con indulgencia, no con verdad. La consecuencia es doble: no halla ni reconoce su iniquidad, y por eso tampoco la aborrece. Desde la perspectiva reformada, esto manifiesta la profundidad de la depravación total: el pecado no solo corrompe la voluntad, sino que oscurece el entendimiento, de modo que el hombre natural no puede juzgarse rectamente. Solo la gracia soberana, mediante la obra iluminadora del Espíritu, quiebra esa ceguera y produce verdadero arrepentimiento.

Referencias relacionadas. Jeremías 17:9 declara que el corazón es engañoso más que todas las cosas. Proverbios 16:2 advierte que todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión. Romanos 3:18 cierra el catálogo de la corrupción con «no hay temor de Dios delante de sus ojos», eco directo del versículo anterior. Y 1 Juan 1:8 recuerda que negar el pecado propio es engañarse a sí mismo.

Aplicación práctica. Vivimos en una cultura que celebra la autoestima y desprecia el examen de conciencia. Este versículo nos llama a desconfiar de la voz que solo nos halaga. Pide al Señor que te muestre tu pecado tal como Él lo ve, y refúgiate no en tu propia bondad, sino en la misericordia abundante que David canta en los versículos siguientes. La verdadera salud espiritual empieza cuando dejamos de lisonjearnos y nos sometemos a la luz de la Palabra.

Para reflexionar. ¿Hay áreas de tu vida donde te has acostumbrado a justificarte en lugar de aborrecer el pecado que Dios ya ha condenado?

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