No rehúses, pues, escucharle; porque si los judíos no escapan a los severos juicios de Dios, por ser sordos a sus amonestaciones, dadas por un ángel a Moisés en el monte Sinaí, y por él al pueblo, mucho menos escaparemos nosotros, si apartamos nuestra mente y endurecemos nuestra corazones contra las instrucciones de nuestro Redentor, que vino del cielo para hablarnos y enseñarnos el camino de nuestra salvación eterna. (Witham)

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