Génesis 3

Considere: (1) algunas de las consecuencias y (2) algunas de las pruebas que corroboran la caída.

I. Además y detrás de las consecuencias externas, hubo resultados internos mucho más terribles. Había aparecido en la tierra una enfermedad de las más espantosas e inveteradas. Esta enfermedad fue (1) una enfermedad moral. La gran enfermedad del pecado combina todas las malas cualidades de los trastornos corporales en una forma figurativa pero real, y no convierte el cuerpo, sino el alma, en una masa de enfermedad. (2) La enfermedad es universal en sus estragos.

Todo el ser está incrustado con esta lepra. Toda la cabeza está enferma y todo el corazón se desmaya. (3) Esta enfermedad está profundamente arraigada. Sus raíces están en el centro mismo del sistema e infecta todos los manantiales de la vida. Nos vuelve fríos, muertos y lánguidos en la búsqueda de cosas buenas. El enemigo, a través del poder sutil de esta enfermedad, ha penetrado en la ciudadela misma del hombre y ondea su bandera de victoria sobre sus almenas más altas.

(4) Esta enfermedad es hereditaria. Está dentro de nosotros desde la existencia; desciende de padres a hijos con mayor fidelidad que los rasgos familiares, la disposición o el intelecto. (5) Se trata de una enfermedad que asume diversas formas y aspectos. Sus variedades son tan numerosas como las variedades de hombres y pecadores. En ese gran hospital, ese magnífico manicomio llamado la tierra, encontramos todo tipo y grado de enfermedad moral, desde la fiebre de la ambición hasta el consumo de la envidia, desde la furia frenética del conquistador hasta la torpe idiotez del avaro. (6) Esta es una enfermedad que desafía todos los medios humanos de curación, y una enfermedad que, si no se cura, terminará en destrucción eterna.

II. Aparte de las declaraciones de la palabra de Dios, hay pruebas contundentes y sorprendentes de una caída. (1) Están todos esos fenómenos espantosos mencionados anteriormente, que están conectados con la condición moral enferma actual del hombre. (2) La doctrina de la caída explica por sí sola la condición anómala y ambigua del hombre. La fractura que ha sufrido, en su misma fiereza y profundidad, ha abierto una luz en su estructura.

De la gran desigualdad del carácter humano no podemos dejar de concluir que una catástrofe debe haber abrumado a toda la masa de la humanidad y haberla reducido a una mezcla de confusión. Encontramos el eco de la caída del hombre en cada melodía de la canción primigenia y en cada soplo de la vieja tradición.

G. Gilfillan, Alpha y Omega, vol. i., págs. 98, 130.

Referencias: Génesis 3 FW Robertson, Notes on Genesis, p. 24 .; J. Wells, Bible Echoes, pág. 19; J. Brown, Buenas palabras (1885), pág. 676; Revista homilética, vol. xii., pág. 79.

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