Hebreos 11:1

Abel, Enoc, Noé.

Antes del diluvio y el pacto abrahámico, Dios tenía un pueblo en la tierra que vivía por fe. Abel, el primer mártir, Enoc, el séptimo desde Adán y Noé, el predicador de la justicia, son los tres testigos del período cuyas vidas están registradas.

I. Abel, el primer hombre que tuvo que descender a la tumba, fue llevado a través de ella en los brazos del amor redentor. Abel, creyendo la palabra, se acercó a Dios a través del amargo sacrificio. Todo el que cree en Jesucristo es un adorador aceptado. No hay otra adoración verdadera y espiritual que la adoración de un creyente en Jesús, y esta adoración siempre es aceptada. De este, el único culto, Abel, aunque muerto, habla.

II. El pecador que por la fe en el sacrificio es justo ante Dios, pertenece ahora a Dios y es heredero de la vida eterna. El pecado y la muerte ya no se enseñorean de él. Así, Enoc, el séptimo desde Adán, camina con Dios. En esta sencilla expresión familiar tenemos la descripción de la nueva vida; nos trae comunión con Dios, dependencia de Su guía, sumisión a Su autoridad, confianza en Su amor y favor, compañerismo continuo y habitual, y una mente conformada a la mente de Dios y deleitándose en el Señor.

III. Abel testifica del sacrificio y la adoración de la fe siempre aceptados. El caminar y el triunfo de Enoc de fe, elevado por encima del pecado y la muerte a la comunión con el Dios santo, el Señor de la vida. La fe de Noé vuelve a tener otro testimonio. Encontró gracia la primera vez que la palabra se usa en las Escrituras a los ojos del Señor. Su fe, arraigada en el corazón contrito, y evidenciada en su trabajo diario y su obediencia, fue probada por la oposición y la burla del mundo a quien testificó del pecado, del juicio y de la gracia salvadora; declarando lo que él mismo poseía, justicia por la fe. Y por su fe no solo se salvó a sí mismo, sino a su familia.

A. Saphir, Lectures on Hebrews, vol. ii., pág. 289.

Referencias: Hebreos 11:5 . J. Vaughan, Sermones, séptima serie, pág. 176; Revista homilética, vol. i., pág. 112. Hebreos 11:5 ; Hebreos 11:6 . Spurgeon, Sermons, vol.

xxii., núm. 1307; Revista homilética, vol. viii., pág. 235. Hebreos 11:6 . EM Goulburn, Pensamientos sobre la religión personal, p. 41; Spurgeon, Sermons, vol. iii., núm. 107; J. Kennedy, Christian World Pulpit, vol. iii., pág. 102; HW Beecher, Ibíd., Vol. xx., pág. 317; Revista del clérigo, vol.

viii., pág. 98. Hebreos 11:7 . S. Mitchell, Christian World Pulpit, vol. xxviii., pág. 419; H. Melvill, Penny Pulpit, No. 3303.

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