12-15 Los ministros del Evangelio son descritos por la obra de su oficio, que es servir y honrar al Señor. Es su deber no sólo dar buen consejo, sino también advertir al rebaño de los peligros, y reprender lo que pueda estar mal. El pueblo debe honrar y amar a sus ministros, porque su negocio es el bienestar de las almas de los hombres. Y el pueblo debe estar en paz entre sí, haciendo todo lo posible para evitar cualquier diferencia. Pero el amor a la paz no debe hacernos guiñar el ojo al pecado. Los espíritus temerosos y afligidos deben ser alentados, y una palabra amable puede hacer mucho bien. Debemos soportar y aguantar. Debemos ser tolerantes y contener la ira, y esto con todos los hombres. Todo lo que el hombre nos haga, debemos hacer el bien a los demás.

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