1-7 Hay que reconocer la providencia cuando nuestros asuntos van bien. Dondequiera que Pablo llegaba, preguntaba qué discípulos había allí, y los encontraba fuera. Previendo sus problemas, por amor a él y preocupación por la iglesia, pensaron erróneamente que lo más conveniente para la gloria de Dios era que siguiera en libertad; pero su empeño en disuadirle de ello, hace más ilustre su piadosa resolución. Nos ha enseñado con el ejemplo, así como con la regla, a orar siempre, a orar sin cesar. Su última despedida fue endulzada con la oración.

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