1-11 Los apóstoles y los primeros creyentes asistían al culto del templo a las horas de oración. Pedro y Juan parecen haber sido guiados por una dirección divina, para hacer un milagro en un hombre de más de cuarenta años, que había sido un lisiado desde su nacimiento. Pedro, en nombre de Jesús de Nazaret, le ordenó levantarse y caminar. Así, si queremos intentar con buen propósito la cura de las almas de los hombres, debemos salir en el nombre y el poder de Jesucristo, llamando a los pecadores indefensos a levantarse y caminar en el camino de la santidad, por la fe en Él. Cuán dulce es el pensamiento para nuestras almas, de que con respecto a todas las facultades lisiadas de nuestra naturaleza caída, el nombre de Jesucristo de Nazaret puede hacernos completos. Con qué santa alegría y éxtasis pisaremos los santos atrios, cuando Dios el Espíritu nos haga entrar en ellos por su fuerza.

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