11. El buen pastor da su vida por las ovejas. Por el afecto extraordinario que siente por las ovejas, muestra cuán verdaderamente actúa hacia ellas como pastor; porque está tan ansioso por su salvación, que ni siquiera le perdona la vida. Por lo tanto, se deduce que aquellos que rechazan la tutela de un pastor tan amable y amable son extremadamente ingratos y merecen cien muertes, y están expuestos a todo tipo de daños. La observación de Agustín es extremadamente justa, que este pasaje nos informa lo que debemos desear, lo que debemos evitar y lo que debemos soportar, en el gobierno de la Iglesia. Nada es más deseable que la Iglesia debe ser gobernada por pastores buenos y diligentes. Cristo declara que él es el buen pastor, que mantiene a su Iglesia sana y salva, primero, por sí mismo y, luego, por sus agentes. Siempre que hay un buen orden, y los hombres aptos tienen el gobierno, entonces Cristo muestra que él es en realidad el pastor. Pero hay muchos lobos y ladrones que, vestidos con el traje de los pastores, esparcen malvadamente la Iglesia. Cualquiera sea el nombre que puedan asumir tales personas, Cristo amenaza con que debemos evitarlos.

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