οἱ μὲν γὰρ.… La razonabilidad de la apelación de Hebreos 12:9 se ilustra aún más mediante una comparación del carácter y el fin en la disciplina de los padres terrenal y celestial, respectivamente. Los padres terrenales ejercieron disciplina por algunos días conforme a lo que a su juicio se encomendaba como propio; un juicio que no podía ser infalible y que a veces debió obstaculizar más que ayudar al verdadero crecimiento; pero el Padre celestial usa la disciplina con miras a nuestro beneficio para que podamos participar de su santidad.

Dos notas de imperfección caracterizan la disciplina de los padres de nuestra carne. (1) Es πρὸς ὀλίγας ἡμέρας, “por algunos días”, es decir , durante el breve período de la juventud. Debe cesar cuando se alcanza la edad adulta, ya sea que haya alcanzado o no su fin. (2) Es κατὰ τὸ δοκοῦν αὐτοῖς, sujeto a conceptos erróneos tanto del fin a alcanzar como de los medios por los cuales se puede alcanzar.

En contraste con este segundo rasgo, la disciplina del Padre de nuestro espíritu es sin falta ἐπὶ τὸ συμφέρον, “para nuestro provecho”, que se define en εἰς τὸ μεταλαβεῖν τῆς ἁγιότητος αὐτο, para que participemos de su santidad, “para que participemos de su santidad”. el contraste con lo incompleto.

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