Así como Sara obedeció a Abraham, llamándolo señor: de cuyas hijas sois vosotros, siempre que hagáis bien, y (5) no temáis con ningún asombro.

(5) Como las mujeres son por naturaleza temerosas, les da a entender que les exige esa sujeción, que no les es arrancada ni por la fuerza ni por el miedo.

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