REFLEXIONES

¡LECTOR! ¿Es vuestra felicidad, como confío en la mía, hacer lo que manda el Apóstol, regocijarnos en el Señor? ¡Y somos ambos la verdadera circuncisión, que adoramos a Dios en el espíritu, nos regocijamos en Cristo Jesús y no tenemos confianza en la carne! ¡Oh! ¡Qué estiércol y escoria es toda justicia de criaturas! ¡Señor Jesus! que nunca sea mía. Que pueda, como Pablo, considerar todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. ¡Oh! ganar a Cristo; y ser hallado en él.

Tú, Dios Todopoderoso Espíritu, mantén incesantemente ante mi vista la preciosidad de Jesús; y calentando mi corazón con su amor. Y hazme, como el Profeta, estar siempre en la atalaya, para el regreso de mi Señor: ya sea a la medianoche, o al canto del gallo, o por la mañana; Puede que esté esperando las ruedas de su carro, para que cuando venga, pueda levantarme instantáneamente para recibirlo. ¡Oh! ¡Señor! Veré tu rostro en gloria. Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.

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