Significado. Sin fe es imposible agradar a Dios, pues acercarse a él exige creer que existe y que recompensa a quienes le buscan; la fe misma es don de su gracia.

Contexto. Hebreos 11 es el gran capítulo de la fe, donde el autor recorre la historia de los santos del Antiguo Testamento que vivieron confiando en las promesas de Dios. Tras definir la fe (v. 1) y mencionar a Abel y a Enoc, el versículo 6 establece el principio universal que recorre todo el capítulo: la fe es la condición indispensable para agradar a Dios y acercarse a él. Es el eje teológico de la lista de héroes que sigue.

Explicación. «Sin fe es imposible agradar a Dios» es una afirmación absoluta: no hay otro camino. «Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay», es decir, que exista, y «que es galardonador de los que le buscan». Esta fe no es mero asentimiento intelectual, sino confianza que se apoya en el carácter y las promesas de Dios. Desde la perspectiva reformada, es esencial recordar que la fe no es una obra meritoria que arranca a Dios su favor, sino el instrumento, dado por gracia, mediante el cual recibimos lo que él libremente ofrece (Efesios 2:8). El «galardón» no es pago por mérito, sino la recompensa de gracia que Dios se complace en dar a quienes confían en él. Buscar a Dios es, en sí mismo, evidencia de que él ya ha obrado en el corazón, pues por naturaleza nadie busca a Dios (Romanos 3:11). Así, incluso la búsqueda es fruto de la gracia que precede.

Referencias relacionadas. Efesios 2:8-9 enseña que la fe salvadora es don de Dios. Romanos 3:11 declara que no hay quien busque a Dios. Romanos 14:23 afirma que todo lo que no proviene de fe es pecado. Jeremías 29:13 promete que quien busca a Dios de todo corazón lo hallará.

Aplicación práctica. Este versículo nos recuerda que las obras religiosas sin fe no agradan a Dios. La vida cristiana se vive enteramente por fe, confiando en quien no vemos. En la prueba, cuando las promesas parecen demorarse, la fe sostiene al creyente que sigue buscando a Dios, seguro de que él recompensa esa confianza con su propia presencia.

Para reflexionar. ¿Te acercas a Dios con verdadera confianza en su existencia y en su bondad recompensadora, o sustentas tu relación con él en obras desprovistas de fe?

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