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Clamo a ti, y tú no me respondes; me presento, y tú no me atiendes.
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Te has vuelto cruel para conmigo; con el poder de tu mano me persigues.
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Me levantas, me haces cabalgar sobre el viento, y luego me deshaces en la tormenta.
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Porque sé que me conduces a la muerte, a la casa destinada para todos los vivientes.
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»Sin embargo, ¿no extenderá su mano el que está en la ruina? ¿No clamará a él en su infortunio?
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¿No he llorado por aquel cuya vida es difícil? ¿No ha tenido mi alma compasión por el necesitado?
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Cuando esperaba el bien me vino el mal; cuando aguardaba la luz vino la oscuridad.
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