Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Jesús le dice: YO SOY EL CAMINO - en qué sentido se explica en la última cláusula: pero Él lo había dicho antes con estas palabras: "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo".

Y LA VERDAD - la Realidad Encarnada de todo lo que encontramos en el Padre, cuando a través de Cristo llegamos a Él; porque "en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad".

Y LA VIDA - la vitalidad de todo lo que alguna vez fluirá en nosotros desde la Deidad así aproximada y así manifestada en Él: porque "este es el Dios verdadero, y la vida eterna".

Nadie viene al Padre sino por mí. De esta declaración triple de lo que Él es, Jesús explica aquí sólo la primera: que Él es "el Camino"; no como si fuera en sí más importante que las otras dos, sino porque la Intervención o Mediación de Cristo entre Dios y los hombres es el rasgo distintivo del cristianismo. Su ser la Verdad y la Vida nos da lo que puede llamarse el aspecto cristiano de la Deidad, como el Objeto de las aspiraciones del alma y el centro de su bienaventuranza eterna: pero que Dios, incluso así visto, es accesible y disfrutable por los hombres. Sólo a través de la mediación de Cristo, habla de esa separación pecaminosa del alma de Dios, cuyo conocimiento y sentimiento constituyen la preparación necesaria para cualquier y todo acercamiento salvífico a Dios, y para la recepción creyente y el uso de Cristo como el Camino para A él. Por lo tanto,

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