Con este ejemplo, aprendemos el gran crédito que debemos a la Iglesia por canonizar a los santos y celebrar sus días festivos: por cuya única autorización, sin ninguna palabra de la Escritura, estos santos Inocentes han sido honrados como mártires, y su día festivo se ha guardado desde el tiempo de los apóstoles, aunque no murieron voluntariamente, ni todos, quizás, circuncidados, y algunos incluso hijos de paganos. (San Agustín, ep.28; Orígenes, hom. Iii. En diversos.) (Bristow)

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