31-38 Las obras de poder y misericordia de Cristo lo proclaman sobre todo, Dios bendito por los siglos, para que todos conozcan y crean que Él está en el Padre, y el Padre en Él. A quien el Padre envía, lo santifica. El Dios santo no recompensará, y por tanto no empleará, a nadie más que a quien él haga santo. El Padre estaba en el Hijo, de modo que por el poder divino realizaba sus milagros; el Hijo estaba en el Padre, de modo que conocía toda su mente. Esto no podemos averiguarlo a la perfección, pero podemos conocer y creer estas declaraciones de Cristo.

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