30-33 Aprendamos a valorar las oraciones fervientes y eficaces de los justos. Cuánto cuidado debemos tener, para no perder nuestro interés en el amor y las oraciones de los creyentes de Dios. Si hemos experimentado el amor del Espíritu, no nos falte este oficio de bondad para con los demás. Los que quieren prevalecer en la oración, deben esforzarse en ella. Los que piden las oraciones de los demás, no deben descuidar la oración por sí mismos. Y aunque Cristo conoce perfectamente nuestro estado y nuestras necesidades, las conocerá por nosotros. Así como hay que buscar a Dios para que frene la mala voluntad de nuestros enemigos, así también para que conserve y aumente la buena voluntad de nuestros amigos. Toda nuestra alegría depende de la voluntad de Dios. Oremos fervientemente con y por los demás, para que, por amor a Cristo y por el amor del Espíritu Santo, lleguen grandes bendiciones a las almas de los cristianos y a las labores de los ministros.

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