Verso 1 ¿De dónde vienen las guerras?

La pregunta es inequívoca. Es especialmente puntiagudo, y tan audaz como sencillo. Sin esperar a que respondan los judíos creyentes o incrédulos, el escritor de esta epístola valientemente lanza la respuesta, y llega con la fuerza de un tornado, arrasando con todo lo que encuentra a su paso.

¿No han venido de aquí aun de vuestras concupiscencias?

¿Quién de vosotros tiene la temeridad de negarlo? Esto es tan evidente que, ante la menor reflexión, nadie que sea honesto se atreverá a disentir. Notamos que la palabra "lujuria" es plural. Probablemente se incluyen el orgullo, la ambición y la codicia del judío. Puede ser dudoso que esta clasificación sea exhaustiva. Pero se supone que éstas, como causas operativas, producen lo que el judío buscaba. Estos deseos guerrean en los miembros de quienes los abrigan y, sin embargo, no hay razón suficiente para que existan, especialmente en aquellos iluminados por el evangelio.

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